lunes, 4 de noviembre de 2019

Espeleo Turismo con Ru


-Javi, tengo unos días ¿A dónde vamos?
- Me apetece subir un montañote, ¿Naranjo, Cerredo? O igual subimos a que me enseñes a meter cacharros... No sé. ¿Jugamos a espeleólogos? por los buenos tiempos.
-No va a parar de llover ni un instante, juguemos.


El viaje comenzó con visita a Su, pincho  en Villarcayo de la Merindad de Castilla la Vieja, evacuación por vía oral de dicho pincho bajo el puerto de la Sía  y atontamiento con la cascada; y con todos los preliminares resueltos, ya entramos en faena, como la pareja ilusionada que éramos.

Nuestra primera jornada se correspondió con una agradabilísima visita a Coventosa. Mi última visita fue en verano de 2014 con Barrio, y no sabría decir si Rubén había estado después.
Fue uno de aquellos días en los que la cueva me llena de paz. Es una sensación, que ya no recordaba. Las paredes de la sala de los fantasmas, los cursos de aguas, ese volado de 50m que te deja en una sala de las que hacen que de nuevo (tras otros cientos de veces) te extrañes de que sea posible lo que tienes delante. No conservo prueba alguna de nuestra visita.

Cafés, charla y cena. Rubén es un tío muy apañado.




Y al día siguiente, la Gándara. Mismo recorrido que siempre. Mismo recorrido que el primer fin de semana de cuevas que tuve la suerte de pasar en 2009. Sála Angel: la cascada rugiendo a muerte. Y aqui debajo, las mismas fotos que en todos los blogs que te puedas encontrar




Vuelta, más parloteo, más planes y muy buena sintonía.

De verdad que me alegro mucho, mucho, de, en la medida que se puede, retomar a la gente y los planes de unos tiempos tan, tan felices.

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