El puto Igea (sobre todo, es un recurso artístico, no enfadarse), había anunciado nuestro inminente confinamiento perimetral para el día 16 a las 20.00h.
Yo estaba currando y coincidía con Pepino y Juan Carlos de guardia. Nos barruntábamos un plan para el día siguiente pensando que el cierre provincial ya sería efectivo, hasta que ayudado por mi inestimable amigo Alejandro, aterricé en la halagüeña realidad. Teníamos hasta las 20.00, aún no sabíamos si para volver a la provincia, o para volver a casa.
No teníamos las cosas en el curro, así que la idea era ir a casa, besar a nuestras mujeres (y vale), Juan Carlos recoger a la suya y arrancar a las 9 hacia Cardaño de Abajo para subir al Espinete, que esperábamos tuviera ya nieve primavera y con (casi) toda seguridad ya no estaría avalanchoso.
Llevaba yo mucho tiempo con ganas de hacer esta actividad, así que estaba recontento. El Espigüete para mí, es una actividad (no olvdidarse de que soy un mindundi) de 5 estrellas. Una pala de 30º a 35º continuos con 1100m de desnivel, en la montaña con más nombre de aquellas que tenemos más o menos en casa. Me hacía mucha ilusión. Había tenido en mente ir toda la pasada temporada, especialmente hasta que el mundo dejó de ser mundo, pero esta pala es esquiva a la presencia de esquiadores, porque cuando tiene nieve, se cae, y cuando ya no se cae, se va.
Y así lo constatamos bajo los abrasadores 15º con que nos castigaba "Lorenzo", haciendo desaparecer el terreno de juego a toda velocidad.
Marta, Juan Carlos, Pepino, Jorge y yo, nos reunimos a las 11.30 con Darío, Elena, y Nacho, a quienes yo conocí en ese momento, y emprendimos el camino en la cola de la procesión que se dirigía a la cima del Espi. Eso sí, bastante solos, porque la gran mayoría habían salido mucho antes.
La subida por la loma se hizo muy cómodamente, con la salvedad de estar frontalmente expuestos a las mismísimas llamas del averno. Un par (o tres) de paradas psicalípticas para adecuarnos a las circunstancias, y poco a poco para arriba, donde fuimos pasando a varios grupos, antes de alcanzar el collado, donde nos esperaba el dron de CyL TV.
El día estaba precioso y espero cuanto antes hacerme con esas imágenes. En el collado y en la cima, especulábamos como siempre, sobre cómo lo íbamos a encontrar para bajar (Y también hacíamos el payaso, claro). Nos parecía que fácil, pero yo veía a la gente bajar muy mal. Y efectivamente, estaba muy mal. Blandota, enganchona, en algun sitio, costra, y en muchos sitios, piedras. Me rebocé un par de veces cuando pensando que le cogía el truco, me lanzaba un poco fuerte. Pero oye, que bien.
Marta, Elena y Nacho valorando (demasiado) la bajada
Media hora después, volviendo la vista atrás, veíamos la ponzoña recorrida, y también a los últimos rezagados, que a las 16.40, empezaban a apurar un poco las horas de luz.
Juan Carlos ya en la base de la pala, y por ahí arriba, los tres rezagados
De vuelta al coche, por la loma que te deja más directo en Cardaño de Abajo, gymcana de escobas, arbolillos y nieves múltiples. Muy divertido, y al mirar atrás...
Ya en el coche, quedaba esa charla pendiente sobre qué coño había pasado con las restricciones al final. En realidad supongo que lo teníamos claro, aunque cuesta verlo cuando te apetece rematar la actividad como se ha de rematar toda gran jornada. En el bar. Y así hicimos, acabando en un bar sin alma, que es el que estaba abierto, ocultos en su interior, con algo menos de calma que otras veces, pero al fin y al cabo, cervezas, cafeses, tortilla y planes cercanos.
El lunes (11) llegaba el buen tiempo de nuevo tras el paso de la borrasca Filomena, que según nos pareció, no dejó casi nada en la cornisa cantábrica, pero eso sí, tuvo a bien ventear absolutamente todo. Todo aquel mullido colchón que nos recibía 3 días antes, era ahora un terreno lleno de trampas. Todo sea dicho, hizo un día cojonudo, y el terreno nos pareció bastante tranquilizador, tras las nuevas noticias de avalanchas en San Isidro, aunque por otro lado, el boletín tan solo daba riesgo 3 a partir de 1900. Lo cierto es que no lo percibimos peligroso.
La comitiva la componían, Marta y Morete, como auténticos montañeros, capitaneados ambos por Oto, que quiso esta vez dejarles toda la responsabilidad a sus amos; y los bomberitos esquiadores, a saber Jorge, Borja, Pascu, Javi y un servidor,
La llegada a Valverde, tras reglamenterio (pero ilegal) desayuno en Guardo, fue incierta, habida cuenta del estado el puerto de Los Picones primero, y sobre todo del acceso al pueblo de Valverde de la Sierra despúes, donde una retro abría camino para que sus habitantes (si los hubiera) hicieran vida, pero que en un principio, lejos de facilitarnos el paso, parecía que nos lo iba a impedir. No fue así. Orillándonos un poquito, nos plantamos en todo el medio del resbaladizo pueblo.
Para no enrollarme mucho, más o menos seguimos el track de Vidal buscando mínimas pendientes, pero en un día así, lo que verdad nos apetecía, era posar:
Pascu eclipsando la Oeste del Espinete -Casco Petzl Elios-Gafas de sol Oakley Aurus-chaqueta Millet Fit- pantalones Dynafit Crossracer
Borja, Javi y Javi exhibiendo la nueva colección de Haglöfs 2021
En las cimas se podía aguantar lo justo y necesdario para echar un vistazo a ambas vertientes.
Meritoria foto de equipo. El ingenio de Morete pudo con el viento
Con el día totalmente despejado, el catálogo completo de nieve (Costra, dura, húmeda, hielo) marcaron un día de disfrutar a regañadientes
Panorma nivólogico variado, y mi grácil caminar. En el rostro, la ambición del alpinista postconfinado.
Y cómo el lector puede que no se haga a la idea de lo que supone la exploración de tan variado firme, nada mejor que echar un vistazo al trepidante descenso que muestro a continuación
Y en sutil contrastre, una palita que estaba un poco mejor:
Ya de vuelta en el coche después de una severa dosis de llaneo, recibimos la calurosa bienvenida de 3 cachorros de mastín y un pastor alemán, antes de acabar en Boca de Huergano, frente a cafeses y cervezas, contando historias.
Por fin, después de muchos intentos, fraguaba un plan con mi amiguísimo de infancia Javier Alameda. Me iba a juntar para hacer lo que más me llena y con la compañía que más añoro, la de los amigotes del colegio, de cuando nació el mote de "Rata", de cuando aún Ángel e Íñigo, para mi no habían nacido. ¡Qué maravilla!
Arrancamos además, los dos solitos, así que le iba a presentar el alojamiento furgonetero, que quieras que no, para mi es un plus.
La idea era hacer el primer día Peña Labra y el segundo el Tres Provincias, y no conocíamos ninguno de los dos. ¿Peña Labra y Tres Provincias? Sí, dos rutas así de dispares huyendo del riesgo de avalanchas y buscando suficiente pero no excesiva nieve. La mayoría de otras opciones no tenían nieve, o tenían mucha nieve, demasiada pendiente y mala orientación, o simplemente no estaban en mi pensamiento.
Así que arrancamos Javier y Javier, desde su casa, (la suya, la de Javier) a las 6.30 creo recordar del 5 de Enero. Todo en orden. El desayuno matinal, muy flojo, lo complementamos en la estación de autobuses de Aguilar de Campóo como en tantas otras ocasiones.
¿Nieve en Aguilar? Bastante. Como para unos buenos bolazos. Hacia Cervera, algo menos, hasta subir Piedras Luengas donde fue apareciendo el grueso manto blanco sin transformar que nos iba a acompañar en esta escapada. De camino, un ciervo agotado, inmóvil en una esplanada al poco de pasar Camasobres. El primero de muchos.
Ya en Piedrasluengas, dudamos si subir hasta el mirador, luego si bajar, y bajamos, volvemos a subir, bajamos al pueblo de nuevo, ¡Mierda, he perdido una roseta!, subo de nuevo a por otro bastón, regreso con Alameda y empezamos a subir por al lado de la Iglesia, con un frio polar, seco, y con un día que parece que se abre por momentos y que casi seguro, va a ser muy bueno.
¡Lo que cuesta avanzar, la hostia! Hay en torno 1,20m de nieve polvo, y nos hundimos 40cm a cada paso. Alzas grandes para llanear, y poco a poco vamos acercándonos al diente de Peñalabra. La ruta que había pensado, resulta un poco incómoda, y además, nos hemos pasado unos metros del giro a la Izquierda, -"por aquí no se ve mal"-, así que tiramos.
Por arriba ya es otro cantar. El filo de la loma que subimos ha venteado bastante, y aunque no hay mucha pendiente, si que hay la suficiente para que junto con el amenazante "bumpf" a cada paso, agucemos las orejas y vayamos con mucho tiento.
En la llegada al la línea de cumbres, nos quedamos pasmados viendo trepar a un rebeco en vertical perfecta, bajo una buena cornisa de nieve, que también nos avisa de que tenemos que bajar con cuidado.
La salida a la cara norte es espectacular, y en esta vertiente, se nota la nieve más estable, sin ventear y sin discontinuidades. De camino a la cima, voy pensando en la bajada que podemos hacer por este lado.
Remontando la pala bajada por la norte, le planteo a Alameda la posibilidad de bajar otra vez por la misma línea que estamos utilizando para subir. NO. Gracias a Dios, porque la bajada de regreso al coche, la hacemos por la mínima pendiente para mitigar riesgos, y la nieve profunda es como un ancla que no nos deja movernos, de forma que el descenso se convierte en una tarea desalentadora, con quita y pon de focas, remo, vadeo de arroyo y de nuevo quita y pon, remo, vadeo, y vuelta a empezar...Tremenda chaqueta.
Ya en el asfalto, junto a la iglesia, dejo a Alameda custodiando nuestras pertenencias (por darle una función al paseo al coche que se ahorró) y yo subo a por nuestro motorhome, antes de emprender el camino a al café en Cervera de Pisuerga, parada que nos sirve también para avituallar antes de dirigirnos a cenar a Boca de Huérgano, a través del cargadísimo puerto de Los Picones, un viaje que por sí solo, merecía la pena hacer.
En boca de huegano, bar y menú casero, hablando del plan de mañana y de dormir en Llánaves, lo que luego resultaría bastante absurdo, -pues tuvimos que bajar de nuevo a desayunar- pero que nos permitió, rebasando criminalmente unos minutos el toque de queda, meternos dentro del entorno de dibujos animados que habían dejado las nevadas.
A la mañana siguiente, llegaban Jorge y Borja, (sin ñoñerías, que os veo todos los días) que salían del currele a las 8. Tenían dos horas y cuarto de viaje, pero entre desperezarnos y bajar, nos vino justo para desayunar en Boca de Huergano, tras comprobar que estaba todo cerrado en Llánaves. Cuando se incorporaron, tb quisieron su café, y aunque no era lo mejor para el plan, yo agradecí unos pocos minutos más de tregua.
Seguimos siendo bastante lentos durante un buen rato, y a las 11.40, ¡A las 11.40!, arrancábamos en principio camino al tres provincias. Yo habia trazado sobre el mapa una ruta de subida evitando las avalanchosas palas que cierran el valle del Naranco, pensando que, luego, con los crampones, podriamos recorrer la vertiginosa cresta que separa el collado del Robadoiro de nuestro objetivo. Nada más verlo, se nos quitó esa idea, y la sustituimos conveninetemente por el Alto del Naranco, casi 300m más pequeño, mucho más cerca y al contrario que el Tres Provincias, posible desde donde nos encontrábamos. Bien, porque además empezaba a ser muy tarde.
No hubo tiempo para muchas fotos hasta la cima. Costaba abrir huella, aunque algo menos que le día anterior, pero llevamos un ritmo ágil con las paraditas justas para concretar el rumbo.
Ya en la cima, constato al ver las fotos, que Jorge entró en una espiral de desinhibición, y posiblemente arrastrado por la sensación de jornada tremenda, hizo de cada foto una performance.
Cima sin viento, por segundo día consecutivo, y con mucho sol. Con un pelín de sensación de prisa y un pequeño remonte a una antecima mediante, emprendimos la bajada por la espectacular loma de 600m de desnivel, mas o menos ordenaditos, dejando hueco, aunque sin demasiada preocupación en realidad.
La buenísima bajada finalizaba en un grupo de arbolillos, con espacio suficiente para ser divertidos y suficiente falta de espacio para que Borja tuviera que aplicarse y demostrar una vez más, que aún siendo un gran esquiador, lo que le define es que es más duro que el pedernal.
Ya de regreso, nos cubrió la sombra heladora, que nos acompañó por el largo y plano foqueo que nos quedaba hasta el coche.
Ya de camino al café de clausura, Jorge y Borja, se paran a retratar al último atrapado de nuestro periplo. Esperemos que haya encontrado la energía para emerger.