domingo, 2 de junio de 2024

Chamonix Zermatt

De esta maravilla de planazo que nos brindó abril, solo puedo atribuirme el mérito compartido con Borja, de proponerlo.  Orozco lo organizó todo, lo dispuso y tuvo la sabiduria de lidiar con los 18 #dieciocho#  valientes que nos congregamos para esta ocasión. Aún a riesgo de olvidarme de alguno, tengo el propósito de nombrarlos a todos:

Orozco, Borja, Isa, Pepi, Charly, Juancar, Jorge, Tomás, Juan, Marta, Chuquela, David, Joaquin, Gustavo, Aitor, Iker, Iker y yo mismo, siendo Iker e Iker dos personas distintas, que no obstante pueden formar parte de un solo ente, que junto con Aitor, denominaré por economía, "los guiputxis".

La salida, como en casi cualquiera de nuestras gestas se produjo desde el parking del parque de bomberos. Dicen, y al parecer así lo respalda la última evidencia, que fue allí frente a la puerta "1" donde Rodrigo Díaz de Vivar "el Cid" reunió a sus tropas para emprender su, paradójicamente glorioso, camino del destierro. En honor a su memoria, mantenemos esta costumbre.

El parking frente a las puertas 1 a 6 conserva hoy su valor estratégico. Primero, porque hoy, como ya ocurría a finales del sXII, suele haber sitio para aparcar, y segundo, porque cada día a las 8 de la mañana se dan relevo los bomberos que nutren en buena medida las gestas que de vez en cuando me da por describir en este blog. 

De modo que allí nos reunimos, vaciamos unos coches y macizamos otros, presenté a Isa a todos y todos, creo, nos presentamos con alguien de los 13 valientes que allí nos congregamos en primera instancia a falta de completar la alineación con Guiputxis y el comando Chuquela, que sin duda eran quienes más presentaciones tenían pendientes. Recuerdo que ya con todos los integrantes agolpados ante mis ojos (con la sola excepción de mi mismo), pensé: "Vaya equipo más cojonudo".

Así que allí en algún lugar de cuyo nombre no puedo acordarme, a dos horas de Chamonix, después de dar alguna vuelta que otra, hayamos cada uno nuestro catre, habiendo previamente compuesto, o eso creí yo, 6 cordadas solventes que si los elementos lo permitían comenzarían al día siguiente un camino lleno de belleza pero también rebosante de la incertidumbre de la montaña y del cielo, que no puedo evitar preguntarme si se habría recorrido con anterioridad, aunque me consta que hay quien lo ha intentado. 





Pertrechados, desayunados, moderadamente nerviosos, optimistas, joviales e ilusionamos, arrancamos desde la estación de Argentiere.

El incendio del telecabina de Grands Motets ocurrido ya hace algunos años, ha alargado un poco el acceso al Glaciar de Rognons, que no obstante se alcanza bastante rápido, sobre todo si como nosotros, no se pretende alcanzar la cima de dicho monte.










Los primeros pasos tras el telesilla, y aún más la primera bajada nos sirven para darnos cuenta de que el peso va a condicionar nuestra, de otro modo, excelsa técnica esquiadora.

Una vez en el collado  previo al Glaciar de Rognons (Col des Rachases), empezamos a bajar por la nieve profunda (y lo parece más por la mochila) con las primeras vistas del glaciar a la derecha y la vista del glaciar de Argentiere y nuestro refugio, aún indistinguible, al fondo.





Ya en el fondo del valle de Argentiere, Juancar se encontró una piedra

    
El camino al refugio es espectacular, con lenguas de hielo colgadas en la Aiguille Verte, y aunque no hemos salido muy pronto, los ánimos garantizan una excursión de tarde.


Una vez en el refugio, es hora de acomodarse un poquito y repostar. El miedo se apodera de mi ante la tentadora perspectiva de apalancarse. El sitio es espectacular y la contemplación finalmente seduce a unos cuantos. Tanteo el terreno. Veo dudas. Yo mismo me planteo la necesidad de hacer algo, porque tirarse allí, es planazo.




Finalmente algunos decidimos que da tiempo a todo y subimos la pala que conduce al Col de Tour Noir, un añadido de tarde en principio de unas dos horas (que creo que luego se alargó un poquito más) desde donde nos asomamos a nuestro camino del día siguiente.





La bajada resulta costrosa y aunque hemos descargado parte del equipaje, yo noto que me vence y no estoy esquiando bien. Charly lo nota y huele la sangre. Me ataca. Respondo tímidamente pero sé que no puedo hacer nada, se alimenta de la debilidad como la carroña nutre a las hienas. Todos recibimos los insultos plácidamente conocedores de que ha entrado en ese terreno en el que es implacable. 

El atardecer resulta espectacular y Juancar saca el dron solo para acumular el primer fracaso de la videoproducción, pues al parecer el aparato solo vuela al amparo de la cobertura telefónica, lo que significa que prácticamente se ha convertido en un kilo de lastre. Esperanzados de que el pundonor se lo impidiera (como así fue, afortunadamente) fuimos varios los que nos ofrecimos a compartir tamaña penitencia, que finalmente le acompañaría durante los seis días de travesía.
A nuestra llegada al refugio ya no quedó tiempo para tomar el sol, y tras un lavado de gato, enseguida tomamos posición en las mesas que serían testigo de la incredulidad Pepinícea ante la negativa contumaz de nuestra añeja hospedadora a proporcionarnos agua del grifo "ni siquiera para lavarnos los dientes" y que se saldó aquella noche con el generoso detalle de dejarnos el agua embotellada a 5 euros. Todo hacía presagiar que dicho gesto no iba a aplacar el desasosiego del que fue presa Pepino cuando ya antes de tumbarse, porque dormir dudo mucho que durmiera tan reciente la herida,  pronunció caricaturizándose a sí mismo aquellas palabras que de una u otra forma ya habíamos oído la mayoría: "llevo 35 años yendo a refugios y jamás me ha pasado esto".

Así, antes de que las primeras luces del alba lo delataran, refugiado en las sombras como un ninja, abandonó el dormitorio sigiloso para constatar la afrenta, observando por los resquicios que los guardeses, imprudentes, habían obviado en su deliberada ocultación del misterioso proceso de obtención de agua a partir de nieve. ¡Y ahí estaba! un enorme barreño lleno del valioso recurso que se repartían entre ellos a su antojo, bebiéndosela a granel o, con escandalosa arrogancia, lavándose las manos permitiendo que esta marchase por el desagüe y derrochando así este codiciado medio de subsistencia que nos negaban para sacarnos los higadillos.

Y llegó la hora del desayuno. El desayuno, discreto, era mejor que la insípida sopa que nos habían servido la tarde anterior, aunque es justo señalar que el resto de la cena estuvo muy bien. Un voluminoso termo de acero inoxidable lleno de agua caliente se alzaba provocador sobre la encimera junto a los cereales. Cautelosos, muchos de nosotros aprovechamos con disimulo para rellenar nuestros termos y botellas, hasta que Pepino eligió su turno coincidiendo con la presencia de la guardesa gabacha, para rellenar su enorme camelbak mientras se explayaba en su perorata sobre la negación del agua como recurso humanitario. Una sonrisa traviesa se dibujaba en la cara de Tomás, que había cogido sitio para no perderse el desenlace. Y ocurrió: Para sorpresa de nadie la guardesa enfureció y se desato una encarnizada batalla dialéctica bilingue en la que ninguno de los contendientes entendía ni pretendía entender a su adversario. Ahora Tomás ya no contenía la carcajada, el cabrón. Los demás disfrutábamos del espectáculo más tímidamente, con algo de tensión mientras argumentábamos a favor y en contra de los dos, salvo Orozco, que esgrimiendo la transparencia con la que previamente estábamos advertidos, trataba de frenar la rabia de Pepino.

Concluido este encontronazo por desistimiento (de ella), y agradezco que Pepino haya tenido a bien recordármelo, Pepino: 

    -"Pelines", que está muy bien manifestarse por los derechos de la ballena jorobada, pero también hay que saber defender lo tuyo. Que yo alucino con los rebeldes de todo a cien. No defiendes lo tuyo y luego te encadenaras a un árbol por las mujeres de cuello de jirafa.

De nuevo, desistimiento, esta vez sin llegar a presentar batalla.

La ruta comienza sobre hielo petreo en el cortísimo pero empinado descenso que conduce desde el refugio al fondo del valle, para retrocediendo un poco sobre los pasos del anterior día por el glaciar de Argentiere para subir al collado de chardonet por el glaciar  buscar el glaciar de 


https://es.wikiloc.com/rutas-esqui-de-montana/le-montenvers-col-du-chardonnet-cabane-du-trient-166594496

sábado, 29 de abril de 2023

Neouvielle

 La temporada terminaba para mi, un poco con la sensación de no haber gozado de una aventurilla gloriosa de pleno disfrute. Que sí, ya, que es cierto que hemos estado en un montón de sitios; que merecían una entrada los dolomitas, otra los Alpes con Lidia Anastasía de furgoneteo (esta la que más), y también cabaña Verónica por curioso y la vuelta a la palanca por añorado. Pero no. Ha sido ahora cuando me ha dado por escribir, y nada puede hacerse al respecto.

Y por qué? Pues en parte por unas renacidas ganas de retomar la buena costumbre de redactar las crónicas de las actividades, pero mucho también por haber recuperado esa sensación de calma absoluta en la montaña que se logra a veces alejándote con los esquíes en buena compañía, y que depende (mucho) de la disposición personal en cada momento, pero a la que contribuye mucho la luz y el frio de la primavera, la nieve continua, y también en mi caso aunque de otro modo, la armonía con el material que me había faltado este año. 

A todo eso, se une el conocer un destino espectacular por primería vez y tener la valiosísima sensación de novedad.


Tampoco hay que dulcificar, nos comimos unos pateo de narices. Ambos días. El primero por sendero pedregoso, con nieve y charcos durante ni sé cuanto tiempo, con esquíes y botas a la espalda. El segundo mucho más corto, por terreno de hierba abierto, yo con las botas puestas. Pero fue la hostia y hay video, a ver si un día me acuerdo de enlazar los tracks

domingo, 14 de marzo de 2021

Torre salinas. Estreno y reedición.

 Con la maldita vacuna, que nos dejó literalmente temblando, no pudimos ir con las ¿viejas? glorias, que el día anterior estuvieron reconociéndonos el terreno. Isma andaba pendiente de Borja y de mi, que no resistimos el rejonazo coronavírico y cancelamos la expedición a escasos minutos de la hora de salida, postergándola para el día siguiente. Julio se vacunaba aquella mañana, pero confiaba en si mismo para encajar el golpe, con las tablas que dan los años, sin perder la compostura.

Y así fue. Al día siguiente partimos en la furgo Isma y yo, para recoger a Borja en Pampliega. Julio salia con Jairo de Burgos bastante más tarde, pero entre que yo llegué tarde, me desvié a coger a Borja, y el le daría más zapatilla, coincidimos ya bajando pandetrave a tiempo para hacer equipo los 5 en la vuelta a la Torre Salinas. 

Sin prisa y con muchas pausas, manteniendo la mirada en la lejanía para no perder detalle del exótico paisaje de los Picos de Europa, emprendimos el camino, los primeros 30 minutos con los esquíes a la chepa, y enseguida foqueando sobre la nieve que recibía la intensa radiación del sol.






Subimos el impresionante tiro Pedavejo, caminando pero sin crampones, dejando a nuestra izquierda la Peña regaliz, y atrás la pista que conduce a Fuente Dé.


 Al culminar, procedía pipesjos, y tras no poca insistencia, conseguí convencer a Isma para subir la luminosa canal Este que habían propuesto Pepi y JuanCar, que se alinea justo frente a la salida del tiro Pedavejo para subir a la Torre Salinas, La verdad que se veía muy estrecha en algún punto como para bajar esquiando, pero no por ello dejaba de apetecerme subir. 


Así que allá fuimos, yo con los esquies en la chepa, e Isma, seguramente con mejor criterio, sin ellos. De camino comprobamos que la nieve no estaba idónea, con una costra fina, que tampoco parecía un impedimento, y debajo blanda, hasta que conforme subíamos y al salir de la canal, la orientación tornaba norte y aquí la nieve estaba durísima como para pretender esquiar sin matarse. Continuamos subiendo, yo con mi baston piolet y piolet, e isma, solo con un piolet. De modo, que con una pendiente de en torno a 40º o 45º, y siendo aquello una pista de patinaje, estimamos oportuno emprender la retirada.

Iniciando la retirada


Al fondo de la canal, la Peña Regaliz a la derecha y la Padierna a la izquierda


Al metro de pasar el estrecho estrechamiento, las condiciones se volvían bastante equiables y allí, muy incómodo por la pendiente, calcé los esquíes con pérdida y precipitación de enseres personales que recuperé durante la bajada, en perfecto estado pese a que habían sido sepultados por la nieve arrastrada de mis esquíes.

detalle del paso estrecho. Aquí me puse los esquíes

En este momento, tampoco es que anduviéramos apurados, pero Borja, Julio y Jairo, debían estar acabando la ruta, de modo que no perdimos mucho tiempo y enlazamos con sus huellas en el collado de , aunque yo previamente me acerque a echar un vistazo y disfrutar de una bajada al casetón de Liordes. 



Siguiendo las huellas, de nuestros compañeros, alcanzamos un lomo del que partía una pala muy evidente y en dirección de vuelta al coche,  anterior a la Chavida, por donde habían continuado, algo despistados, nuestros compis, que se encontraban varios cientos de metros por encima de nosotros, en la collado cimero y sin posibilidad de pasar al otro lado, de forma que decidimos esperar y reagruparnos y ya acabar la ruta tal y como la habíamos empezado. Bajaron rasgando el hielo, así que no nos dio demasiada envidia la bajada mientras devorábamos (sin ánimo de que esto se convierta en un blog sobre gastronomía) unos delicadísimos chocolates industriales rebosantes de aceite de palma, que despachan en una tiendecita local de Burgos que se llama "Alcampo". Tengo que enterarme de donde está el obrador.

Al norte de la Chavida

Fin del foqueo. Collado de la Chavida.

Los primeros metros de bajada, después de tropecientas horas de actividad, ya se habían helado y había costra, pero enseguida disfrutamos de muy buena y muy divertida nieve primavera

En la larguísima bajada de la Chavida, encontramos de todo, pero tras los primeros 150m de desnivel, puede decirse que encontramos sobre todo, nieve fácil.


El track:

 https://es.wikiloc.com/rutas-esqui-de-montana/pandetrave-pedavejo-canal-este-a-torre-salinas-vega-de-liordes-chavida-pandetrave-67797162

La Reedición:

Tan solo 3 días después, el 16 de marzo, hay quorum para un nuevo, pero casi idéntico paseo, con previsión de buen tiempo, misma nieve, y un equipo de élite. Esta vez, Pascu, Orozco, Carlos Alberto, Jorge, Alvar, y yo mismo. No me extenderé en los detalles, pues se trata de la misma ruta, obviando la canal de Torre Salinas. Ahí va un relato fotográfico.













miércoles, 20 de enero de 2021

Sur del Espinete con los esquises

 El puto Igea (sobre todo, es un recurso artístico, no enfadarse), había anunciado nuestro inminente confinamiento perimetral para el día 16 a las 20.00h.

Yo estaba currando y coincidía con Pepino y Juan Carlos de guardia. Nos barruntábamos un plan para el día siguiente pensando que el cierre provincial ya sería efectivo, hasta que ayudado por mi inestimable amigo Alejandro, aterricé en la halagüeña realidad. Teníamos hasta las 20.00, aún no sabíamos si para volver a la provincia, o para volver a casa.

No teníamos las cosas en el curro, así que la idea era ir a casa,  besar a nuestras mujeres (y vale), Juan Carlos recoger a la suya y arrancar a las 9 hacia Cardaño de Abajo para subir al Espinete, que esperábamos tuviera ya nieve primavera y con (casi) toda seguridad ya no estaría avalanchoso.

Llevaba yo mucho tiempo con ganas de hacer esta actividad, así que estaba recontento. El Espigüete para mí, es una actividad (no olvdidarse de que soy un mindundi) de 5 estrellas. Una pala de 30º a 35º continuos con 1100m de desnivel, en la montaña con más nombre de aquellas que tenemos más o menos en casa. Me hacía mucha ilusión. Había  tenido en mente ir toda la pasada temporada, especialmente hasta que el mundo dejó de ser mundo, pero esta pala es esquiva a la presencia de esquiadores, porque cuando tiene nieve, se cae, y cuando ya no se cae, se va.

Y así lo constatamos bajo los abrasadores 15º con que nos castigaba "Lorenzo", haciendo desaparecer el terreno de juego a toda velocidad.

Marta, Juan Carlos, Pepino, Jorge y yo, nos reunimos a las 11.30 con Darío, Elena, y Nacho, a quienes yo conocí en ese momento, y emprendimos el camino en la cola de la procesión que se dirigía a la cima del Espi. Eso sí, bastante solos, porque la gran mayoría habían salido mucho antes.







La subida por la loma se hizo muy cómodamente, con la salvedad de estar frontalmente expuestos a las mismísimas llamas del averno. Un par (o tres) de paradas psicalípticas para adecuarnos a las circunstancias, y poco a poco para arriba, donde fuimos pasando a varios grupos, antes de alcanzar el collado, donde nos esperaba el dron de CyL TV.


El día estaba precioso y espero cuanto antes hacerme con esas imágenes. En el collado y en la cima, especulábamos como siempre, sobre cómo lo íbamos a encontrar para bajar (Y también hacíamos el payaso, claro). Nos parecía que fácil, pero yo veía a la gente bajar muy mal. Y efectivamente, estaba muy mal. Blandota, enganchona, en algun sitio, costra, y en muchos sitios, piedras. Me rebocé un par de veces cuando pensando que le cogía el truco, me lanzaba un poco fuerte. Pero oye, que bien.



Marta, Elena y Nacho valorando (demasiado) la bajada

Media hora después, volviendo la vista atrás, veíamos la ponzoña recorrida, y también a los últimos rezagados, que a las 16.40, empezaban a apurar un poco las horas de luz. 


Juan Carlos ya en la base de la pala, y por ahí arriba, los tres rezagados

De vuelta al coche, por la loma que te deja más directo en Cardaño de Abajo, gymcana de escobas, arbolillos y nieves múltiples. Muy divertido, y al mirar atrás...

Ya en el coche, quedaba esa charla pendiente sobre qué coño había pasado con las restricciones al final. En realidad supongo que lo teníamos claro, aunque cuesta verlo cuando te apetece rematar la actividad como se ha de rematar toda gran jornada. En el bar. Y así hicimos, acabando en un bar sin alma, que es el que estaba abierto, ocultos en su interior, con algo menos de calma que otras veces, pero al fin y al cabo, cervezas, cafeses, tortilla y planes cercanos. 

miércoles, 13 de enero de 2021

Valverde de la Sierra. Pico de los Bildares y la Rasa

El lunes (11) llegaba el buen tiempo de nuevo tras el paso de la borrasca Filomena, que según nos pareció, no dejó casi nada en la cornisa cantábrica, pero eso sí, tuvo a bien ventear absolutamente todo. Todo aquel mullido colchón que nos recibía 3 días antes, era ahora un terreno lleno de trampas. Todo sea dicho, hizo un día cojonudo, y el terreno nos pareció bastante tranquilizador, tras las nuevas noticias de avalanchas en San Isidro, aunque por otro lado, el boletín tan solo daba riesgo 3 a partir de 1900. Lo cierto es que no lo percibimos peligroso.

La comitiva la componían, Marta y Morete, como auténticos montañeros, capitaneados ambos por Oto, que quiso esta vez dejarles toda la responsabilidad a sus amos; y los bomberitos esquiadores, a saber Jorge, Borja, Pascu, Javi y un servidor,
La llegada a Valverde, tras reglamenterio (pero ilegal) desayuno en Guardo, fue incierta, habida cuenta del estado el puerto de Los Picones primero, y sobre todo del acceso al pueblo de Valverde de la Sierra despúes, donde una retro abría camino para que sus habitantes (si los hubiera) hicieran vida, pero que en un principio, lejos de facilitarnos el paso, parecía que nos lo iba a impedir. No fue así. Orillándonos un poquito, nos plantamos en todo el medio del resbaladizo pueblo.

Para no enrollarme mucho, más o menos seguimos el track de Vidal buscando mínimas pendientes, pero en un día así, lo que verdad nos apetecía, era posar:
Pascu eclipsando la Oeste del Espinete     -Casco Petzl Elios-Gafas de sol Oakley Aurus-chaqueta Millet Fit- pantalones Dynafit Crossracer

Borja, Javi y Javi exhibiendo la nueva colección de Haglöfs 2021

En las cimas se podía aguantar lo justo y necesdario para echar un vistazo a ambas vertientes.


Meritoria foto de equipo. El ingenio de Morete pudo con el viento

Con el día totalmente despejado, el catálogo completo de nieve (Costra, dura, húmeda, hielo) marcaron un día de disfrutar a regañadientes


Panorma nivólogico variado, y mi grácil caminar. En el rostro, la ambición del alpinista postconfinado.

Y cómo el lector puede que no se haga a la idea de lo que supone la exploración de tan variado firme, nada mejor que echar un vistazo al trepidante descenso que muestro a continuación

Y en sutil contrastre, una palita que estaba un poco mejor: 



Ya de vuelta en el coche después de una severa dosis de llaneo, recibimos la calurosa bienvenida de 3 cachorros de mastín y un pastor alemán, antes de acabar en Boca de Huergano, frente a cafeses y cervezas, contando historias.




domingo, 10 de enero de 2021

Powder cantábrico. Peña Labra y Alto del Naranco

 Por fin, después de muchos intentos, fraguaba un plan con mi amiguísimo de infancia Javier Alameda. Me iba a juntar para hacer lo que más me llena y con la compañía que más añoro, la de los amigotes del colegio, de cuando nació el mote de "Rata", de cuando aún Ángel e Íñigo, para mi no habían nacido. ¡Qué maravilla!

Arrancamos además, los dos solitos, así que le iba a presentar el alojamiento furgonetero, que quieras que no, para mi es un plus.

La idea era hacer el primer día Peña Labra y el segundo el Tres Provincias, y no conocíamos ninguno de los dos. ¿Peña Labra y Tres Provincias? Sí, dos rutas así de dispares huyendo del riesgo de avalanchas y buscando suficiente pero no excesiva nieve. La mayoría de otras opciones no tenían nieve, o tenían mucha nieve, demasiada pendiente y mala orientación, o simplemente no estaban en mi pensamiento.

Así que arrancamos Javier y Javier, desde su casa, (la suya, la de Javier) a las 6.30 creo recordar del 5 de Enero. Todo en orden. El desayuno matinal, muy flojo, lo complementamos en la estación de autobuses de Aguilar de Campóo como en tantas otras ocasiones. 


¿Nieve en Aguilar? Bastante. Como para unos buenos bolazos. Hacia Cervera, algo menos, hasta subir Piedras Luengas donde fue apareciendo el grueso manto blanco sin transformar que nos iba a acompañar en esta escapada. De camino, un ciervo agotado, inmóvil en una esplanada al poco de pasar Camasobres. El primero de muchos.

Ya en Piedrasluengas, dudamos si subir hasta el mirador, luego si bajar, y bajamos, volvemos a subir, bajamos al pueblo de nuevo, ¡Mierda, he perdido una roseta!, subo de nuevo a por otro bastón, regreso con Alameda y empezamos a subir por al lado de la Iglesia, con un frio polar, seco, y con un día que parece que se abre por momentos y que casi seguro, va a ser muy bueno.




¡Lo que cuesta avanzar, la hostia! Hay en torno 1,20m de nieve polvo, y nos hundimos 40cm a cada paso. Alzas grandes para llanear, y poco a poco vamos acercándonos al diente de Peñalabra. La ruta que había pensado, resulta un poco incómoda, y además, nos hemos pasado unos metros del giro a la Izquierda, -"por aquí no se ve mal"-, así que tiramos.

Por arriba ya es otro cantar. El filo de la loma que subimos ha venteado bastante, y aunque no hay mucha pendiente, si que hay la suficiente para que junto con el amenazante "bumpf" a cada paso, agucemos las orejas y vayamos con mucho tiento.





En la llegada al la línea de cumbres, nos quedamos pasmados viendo trepar a un rebeco en vertical perfecta, bajo una buena cornisa de nieve, que también nos avisa de que tenemos que bajar con cuidado.
La salida a la cara norte es espectacular, y en esta vertiente, se nota la nieve más estable, sin ventear y sin discontinuidades. De camino a la cima, voy pensando en la bajada que podemos hacer por este lado.
 


Remontando la pala bajada por la norte, le planteo a Alameda la posibilidad de bajar otra vez por la misma línea que estamos utilizando para subir. NO. Gracias a Dios, porque la bajada de regreso al coche, la hacemos por la mínima pendiente para mitigar riesgos, y la nieve profunda es como un ancla que no nos deja movernos, de forma que el descenso se convierte en una tarea desalentadora, con quita y pon de focas, remo, vadeo de arroyo y de nuevo quita y pon, remo, vadeo, y vuelta a empezar...Tremenda chaqueta.

Ya en el asfalto, junto a la iglesia, dejo a Alameda custodiando nuestras pertenencias (por darle una función al paseo al coche que se ahorró) y yo subo a por nuestro motorhome, antes de emprender el camino a al café en Cervera de Pisuerga, parada que nos sirve también para avituallar antes de dirigirnos a cenar a Boca de Huérgano, a través del cargadísimo puerto de Los Picones,  un viaje que por sí solo, merecía la pena hacer.

En boca de huegano, bar y menú casero, hablando del plan de mañana y de dormir en Llánaves, lo que luego resultaría bastante absurdo, -pues tuvimos que bajar de nuevo a desayunar- pero que nos permitió, rebasando criminalmente unos minutos el toque de queda, meternos dentro del entorno de dibujos animados que habían dejado las nevadas.



A la mañana siguiente, llegaban Jorge y Borja, (sin ñoñerías, que os veo todos los días) que salían del currele a las 8. Tenían dos horas y cuarto de viaje, pero entre desperezarnos y bajar, nos vino justo para desayunar en Boca de Huergano, tras comprobar que estaba todo cerrado en Llánaves. Cuando se incorporaron, tb quisieron su café, y aunque no era lo mejor para el  plan, yo agradecí unos pocos minutos más de tregua.

Seguimos siendo bastante lentos durante un buen rato, y a las 11.40, ¡A las 11.40!, arrancábamos en principio camino al tres provincias. Yo habia trazado sobre el mapa una ruta de subida evitando las avalanchosas palas que cierran el valle del Naranco, pensando que, luego, con los crampones, podriamos recorrer la vertiginosa cresta que separa el collado del Robadoiro de nuestro objetivo. Nada más verlo, se nos quitó esa idea, y la sustituimos conveninetemente por el Alto del Naranco, casi 300m más pequeño, mucho más cerca y al contrario que el Tres Provincias, posible desde donde nos encontrábamos. Bien, porque además empezaba a ser muy tarde. 

 No hubo tiempo para muchas fotos hasta la cima. Costaba abrir huella, aunque algo menos que le día anterior, pero llevamos un ritmo ágil con las paraditas justas para concretar el rumbo.

Ya en la cima, constato al ver las fotos, que Jorge entró en una espiral de desinhibición, y posiblemente arrastrado por la sensación de jornada tremenda, hizo de cada foto una performance.



Cima sin viento, por segundo día consecutivo, y con mucho sol. Con un pelín de sensación de prisa y un pequeño remonte a una antecima mediante, emprendimos la bajada por la espectacular loma de 600m de desnivel, mas o menos ordenaditos, dejando hueco, aunque sin demasiada preocupación en realidad.

La buenísima bajada finalizaba en un grupo de arbolillos, con espacio suficiente para ser divertidos y suficiente falta de espacio para que Borja tuviera que aplicarse y demostrar una vez más, que aún siendo un gran esquiador, lo que le define es que es más duro que el pedernal.

Ya de regreso, nos cubrió la sombra heladora, que nos acompañó por el largo y plano foqueo que nos quedaba hasta el coche. 

 


Ya de camino al café de clausura, Jorge y Borja, se paran a retratar al último atrapado de nuestro periplo. Esperemos que haya encontrado la energía para emerger.


Un "fin de semana" para enmarcar.