sábado, 29 de abril de 2023

Neouvielle

 La temporada terminaba para mi, un poco con la sensación de no haber gozado de una aventurilla gloriosa de pleno disfrute. Que sí, ya, que es cierto que hemos estado en un montón de sitios; que merecían una entrada los dolomitas, otra los Alpes con Lidia Anastasía de furgoneteo (esta la que más), y también cabaña Verónica por curioso y la vuelta a la palanca por añorado. Pero no. Ha sido ahora cuando me ha dado por escribir, y nada puede hacerse al respecto.

Y por qué? Pues en parte por unas renacidas ganas de retomar la buena costumbre de redactar las crónicas de las actividades, pero mucho también por haber recuperado esa sensación de calma absoluta en la montaña que se logra a veces alejándote con los esquíes en buena compañía, y que depende (mucho) de la disposición personal en cada momento, pero a la que contribuye mucho la luz y el frio de la primavera, la nieve continua, y también en mi caso aunque de otro modo, la armonía con el material que me había faltado este año. 

A todo eso, se une el conocer un destino espectacular por primería vez y tener la valiosísima sensación de novedad.


Tampoco hay que dulcificar, nos comimos unos pateo de narices. Ambos días. El primero por sendero pedregoso, con nieve y charcos durante ni sé cuanto tiempo, con esquíes y botas a la espalda. El segundo mucho más corto, por terreno de hierba abierto, yo con las botas puestas. Pero fue la hostia y hay video, a ver si un día me acuerdo de enlazar los tracks

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