Nieve, no. La última nevada databa de principios de diciembre, seguida por un anticilón brutal, con algún día de calor, que garantizaba que nos encontrásemos las montañas cubiertas de hielo. Así fue.
Isma y yo, salimos de Burgos de mañana, que yo salía de currar, y Morete ya estaba allá, ya que el pájaro de él no se aguanta en casa ni aunque lo encadenen, y como tenía unos días, tiro para allá echando leches y estuvo esquiando, pienso, que en Formigal.
Total, que un poco tarde por salir tarde, por ser lentos, por comprar demasiado y por nuestra propia condición, nos reunimos en el refugio de Piedra de Panticosa.
La subida al refugio de fué tediosa. Después de una horita, creo yo, caminando con las botas de plástico y una mochila generosa, cometimos el error de ponernos los esquíes para subir la Cuesta del Fraile y ya alcanzamos el refugio de Bachimaña, un poco más tarde de lo que es razonable, pero mucho antes de lo que sería temerario.
Yo había hablado con el guarda. Un hombre agradable, y a la vez rudo, que me había confirmado que el camino desde Baños de Panticosa, seria aproximadamente "de entre una hora y cuatro", y que nos aconsejaba subir un saco gordo porque el no sabía si podía fallar la calefacción. Así que le preguntamos por las condiciones para el día siguiente, y nos aseguró que "era dificil de determinar". Quedó patente un miedo insuperable a equivocarse, que le impedía dar cualquier clase de información práctica.
La cena estuvo de puta madre, y además confirmó que nos iba a hacer el descuento de la Fede, a pesar de no poder mostrar la tarjeta acreditativa y al contrario de lo que había asegurado por teléfono.
El desayuno fue correcto, y con la incógnita del estado de la nieve y el viento, salimos, como todos, hacia el pico Tebarray.
-¿Parará este viento, o crees que va a seguir así?
Soplaba muchísimo, a los 2200m en que se encuentra el refu, y no parecía que viniera una jornada muy agradable.
- Con toda seguridad, parará. Lo que no sabría decirte, es cuando.
-Ok.
Salimos delante de la impresionante pareja de jubilaos de San Sebastián que ya el día anterior habíamos percibido como auténticas máquinas. No sabría decirte un rincón de los pirineos en el que no hubieran puesto ya sus pies este invierno. Unos tíos encantadores y encantados de enseñar sin aleccionar. Calculo que 10 minutos después, nos sacaban varios cientos de metros, a pesar de desplazarse sin esfuerzos ni aspavientos, pero con una solvencia en los obstáculos que solo la dan los años.
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| Perdonad a Morete, se concentra mucho en hacer los selfies, y no sonríe, pero fuimos felices |
Yo tenía un pequeño revoltijo de tripas que se mantuvo durante todo el día latente, pero el viento remitió enseguida y el día estaba precioso. Decidimos, al llegar al ibón de Tebarray, sobre el que había caido una avalancha importante, cruzarlo para afrontar la subida por la cara que parecía más esquiable (sur-oeste), pero estando la nieve pétrea, Ismael y yo decidimos pasar a crampones a media ladera, mientras que Morete, más seguro y experto, continuo con los esquíes, ahorrandose el incómodo cambio. Arriba volvió el viento, muy fuerte, así que fue de esas cimas en las que estás el tiempo imprescindible, que ya fue demasiado. Vignemale, Balaitús, Monte Perdido y alguno más.
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| Ahi detrás el Balaitús desde Tebarray |
La bajada de esta pala, la afrontamos con los crampones, y el regreso no tuvo una esquiada que merezca recordarse. Fue un bonito paseo por la montaña, pero estuvo lejos de ser un día de esquí.
Conforme nos acercábamos al refu, empecé a encontrarme realmente mal. Se apoderaron de mi las nauseas el frío y un malestar que fue a más, y con todo ello, unas ganas horribles de llegar al refu.
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Aquella tarde/noche, quedó bastante claro que yo al día siguiente no podía hacer nada. Sufrí los peores escalofríos que recuerdo en mi vida mientras trataba, incapacitado por el tembleque, de abrir la tapa del váter, con intención de evacuar, ya no recuerdo por qué vía.
Por otro lado, Ismael no se veía con muchas ganas de ruta para el día siguiente, y doy por hecho que Morete juraba para sus adentros por haberse aventurado con semejantes flojos.
Sin embargo, el desayuno del día siguiente, tras pasar una noche un pelín destemplado pero nada más, fue el momento para plantearme si le daba una intentona hacia arriba al Diente de los Batanes. El que no se decidía a subir, era Ismael, supongo que en previsión de que esta ruta fuera un poco más técnica que la de ayer, que sí que lo era. Nos conocemos de hace tiempo y esto no debe empañar otras gestas; Pero fuiste un flojo, Ismael.
Y la verdad, es que este segundo, fue el día bueno. Hacia igual de bueno, menos viento. Morete empezó el día sufriendo, en el embalse de Bachimañana, con una neura mala de que el hielo no estaba muy allá. La verdad es que no nos dio ni el menor aviso, aunque eso sí, en los rotos de los bordes, buscamos un sitio franco para pasar. Y después, una pala continua, por nieve dura, pero muy bonita, y tras pasar otro pequeño ibón colgado (Ibón de Xuans), otra pala de menores dimensiones nos dejó en el collado del Diente de los Batanes.
Teníamos bastante decidido no hacer cima, por hacer un poco más rápido, al deducirse por su nombre de "diente" que la última parte no sería esquiable. No era así, de modo que desperdiciamos los últimos 50m de desnivel y una cima. Aunque las vistas eran cojonudas desde el collado donde paramos a repostar.
La bajada tuvo un punto de emoción porque en la mayoría de los sitios la nieve crujía como la rasqueta del parabrisas, pero también hubo algún tramito de nieve buena, y era un bajadón de pasarlo pipa. Me gustó mucho
No sé si acertamos plenamente, pero diría que fue bastante inevitable el último cacho de bajada por una senda boscosa, donde encontramos ya a Ismael que había estimado que con toda probabilidad allí se cruzarían nuestros caminos.
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Tres días muy buenos, a pesar de la nieve fósil y de mi fugaz enfermedad.








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