domingo, 10 de enero de 2021

Powder cantábrico. Peña Labra y Alto del Naranco

 Por fin, después de muchos intentos, fraguaba un plan con mi amiguísimo de infancia Javier Alameda. Me iba a juntar para hacer lo que más me llena y con la compañía que más añoro, la de los amigotes del colegio, de cuando nació el mote de "Rata", de cuando aún Ángel e Íñigo, para mi no habían nacido. ¡Qué maravilla!

Arrancamos además, los dos solitos, así que le iba a presentar el alojamiento furgonetero, que quieras que no, para mi es un plus.

La idea era hacer el primer día Peña Labra y el segundo el Tres Provincias, y no conocíamos ninguno de los dos. ¿Peña Labra y Tres Provincias? Sí, dos rutas así de dispares huyendo del riesgo de avalanchas y buscando suficiente pero no excesiva nieve. La mayoría de otras opciones no tenían nieve, o tenían mucha nieve, demasiada pendiente y mala orientación, o simplemente no estaban en mi pensamiento.

Así que arrancamos Javier y Javier, desde su casa, (la suya, la de Javier) a las 6.30 creo recordar del 5 de Enero. Todo en orden. El desayuno matinal, muy flojo, lo complementamos en la estación de autobuses de Aguilar de Campóo como en tantas otras ocasiones. 


¿Nieve en Aguilar? Bastante. Como para unos buenos bolazos. Hacia Cervera, algo menos, hasta subir Piedras Luengas donde fue apareciendo el grueso manto blanco sin transformar que nos iba a acompañar en esta escapada. De camino, un ciervo agotado, inmóvil en una esplanada al poco de pasar Camasobres. El primero de muchos.

Ya en Piedrasluengas, dudamos si subir hasta el mirador, luego si bajar, y bajamos, volvemos a subir, bajamos al pueblo de nuevo, ¡Mierda, he perdido una roseta!, subo de nuevo a por otro bastón, regreso con Alameda y empezamos a subir por al lado de la Iglesia, con un frio polar, seco, y con un día que parece que se abre por momentos y que casi seguro, va a ser muy bueno.




¡Lo que cuesta avanzar, la hostia! Hay en torno 1,20m de nieve polvo, y nos hundimos 40cm a cada paso. Alzas grandes para llanear, y poco a poco vamos acercándonos al diente de Peñalabra. La ruta que había pensado, resulta un poco incómoda, y además, nos hemos pasado unos metros del giro a la Izquierda, -"por aquí no se ve mal"-, así que tiramos.

Por arriba ya es otro cantar. El filo de la loma que subimos ha venteado bastante, y aunque no hay mucha pendiente, si que hay la suficiente para que junto con el amenazante "bumpf" a cada paso, agucemos las orejas y vayamos con mucho tiento.





En la llegada al la línea de cumbres, nos quedamos pasmados viendo trepar a un rebeco en vertical perfecta, bajo una buena cornisa de nieve, que también nos avisa de que tenemos que bajar con cuidado.
La salida a la cara norte es espectacular, y en esta vertiente, se nota la nieve más estable, sin ventear y sin discontinuidades. De camino a la cima, voy pensando en la bajada que podemos hacer por este lado.
 


Remontando la pala bajada por la norte, le planteo a Alameda la posibilidad de bajar otra vez por la misma línea que estamos utilizando para subir. NO. Gracias a Dios, porque la bajada de regreso al coche, la hacemos por la mínima pendiente para mitigar riesgos, y la nieve profunda es como un ancla que no nos deja movernos, de forma que el descenso se convierte en una tarea desalentadora, con quita y pon de focas, remo, vadeo de arroyo y de nuevo quita y pon, remo, vadeo, y vuelta a empezar...Tremenda chaqueta.

Ya en el asfalto, junto a la iglesia, dejo a Alameda custodiando nuestras pertenencias (por darle una función al paseo al coche que se ahorró) y yo subo a por nuestro motorhome, antes de emprender el camino a al café en Cervera de Pisuerga, parada que nos sirve también para avituallar antes de dirigirnos a cenar a Boca de Huérgano, a través del cargadísimo puerto de Los Picones,  un viaje que por sí solo, merecía la pena hacer.

En boca de huegano, bar y menú casero, hablando del plan de mañana y de dormir en Llánaves, lo que luego resultaría bastante absurdo, -pues tuvimos que bajar de nuevo a desayunar- pero que nos permitió, rebasando criminalmente unos minutos el toque de queda, meternos dentro del entorno de dibujos animados que habían dejado las nevadas.



A la mañana siguiente, llegaban Jorge y Borja, (sin ñoñerías, que os veo todos los días) que salían del currele a las 8. Tenían dos horas y cuarto de viaje, pero entre desperezarnos y bajar, nos vino justo para desayunar en Boca de Huergano, tras comprobar que estaba todo cerrado en Llánaves. Cuando se incorporaron, tb quisieron su café, y aunque no era lo mejor para el  plan, yo agradecí unos pocos minutos más de tregua.

Seguimos siendo bastante lentos durante un buen rato, y a las 11.40, ¡A las 11.40!, arrancábamos en principio camino al tres provincias. Yo habia trazado sobre el mapa una ruta de subida evitando las avalanchosas palas que cierran el valle del Naranco, pensando que, luego, con los crampones, podriamos recorrer la vertiginosa cresta que separa el collado del Robadoiro de nuestro objetivo. Nada más verlo, se nos quitó esa idea, y la sustituimos conveninetemente por el Alto del Naranco, casi 300m más pequeño, mucho más cerca y al contrario que el Tres Provincias, posible desde donde nos encontrábamos. Bien, porque además empezaba a ser muy tarde. 

 No hubo tiempo para muchas fotos hasta la cima. Costaba abrir huella, aunque algo menos que le día anterior, pero llevamos un ritmo ágil con las paraditas justas para concretar el rumbo.

Ya en la cima, constato al ver las fotos, que Jorge entró en una espiral de desinhibición, y posiblemente arrastrado por la sensación de jornada tremenda, hizo de cada foto una performance.



Cima sin viento, por segundo día consecutivo, y con mucho sol. Con un pelín de sensación de prisa y un pequeño remonte a una antecima mediante, emprendimos la bajada por la espectacular loma de 600m de desnivel, mas o menos ordenaditos, dejando hueco, aunque sin demasiada preocupación en realidad.

La buenísima bajada finalizaba en un grupo de arbolillos, con espacio suficiente para ser divertidos y suficiente falta de espacio para que Borja tuviera que aplicarse y demostrar una vez más, que aún siendo un gran esquiador, lo que le define es que es más duro que el pedernal.

Ya de regreso, nos cubrió la sombra heladora, que nos acompañó por el largo y plano foqueo que nos quedaba hasta el coche. 

 


Ya de camino al café de clausura, Jorge y Borja, se paran a retratar al último atrapado de nuestro periplo. Esperemos que haya encontrado la energía para emerger.


Un "fin de semana" para enmarcar.

 










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