miércoles, 20 de enero de 2021

Sur del Espinete con los esquises

 El puto Igea (sobre todo, es un recurso artístico, no enfadarse), había anunciado nuestro inminente confinamiento perimetral para el día 16 a las 20.00h.

Yo estaba currando y coincidía con Pepino y Juan Carlos de guardia. Nos barruntábamos un plan para el día siguiente pensando que el cierre provincial ya sería efectivo, hasta que ayudado por mi inestimable amigo Alejandro, aterricé en la halagüeña realidad. Teníamos hasta las 20.00, aún no sabíamos si para volver a la provincia, o para volver a casa.

No teníamos las cosas en el curro, así que la idea era ir a casa,  besar a nuestras mujeres (y vale), Juan Carlos recoger a la suya y arrancar a las 9 hacia Cardaño de Abajo para subir al Espinete, que esperábamos tuviera ya nieve primavera y con (casi) toda seguridad ya no estaría avalanchoso.

Llevaba yo mucho tiempo con ganas de hacer esta actividad, así que estaba recontento. El Espigüete para mí, es una actividad (no olvdidarse de que soy un mindundi) de 5 estrellas. Una pala de 30º a 35º continuos con 1100m de desnivel, en la montaña con más nombre de aquellas que tenemos más o menos en casa. Me hacía mucha ilusión. Había  tenido en mente ir toda la pasada temporada, especialmente hasta que el mundo dejó de ser mundo, pero esta pala es esquiva a la presencia de esquiadores, porque cuando tiene nieve, se cae, y cuando ya no se cae, se va.

Y así lo constatamos bajo los abrasadores 15º con que nos castigaba "Lorenzo", haciendo desaparecer el terreno de juego a toda velocidad.

Marta, Juan Carlos, Pepino, Jorge y yo, nos reunimos a las 11.30 con Darío, Elena, y Nacho, a quienes yo conocí en ese momento, y emprendimos el camino en la cola de la procesión que se dirigía a la cima del Espi. Eso sí, bastante solos, porque la gran mayoría habían salido mucho antes.







La subida por la loma se hizo muy cómodamente, con la salvedad de estar frontalmente expuestos a las mismísimas llamas del averno. Un par (o tres) de paradas psicalípticas para adecuarnos a las circunstancias, y poco a poco para arriba, donde fuimos pasando a varios grupos, antes de alcanzar el collado, donde nos esperaba el dron de CyL TV.


El día estaba precioso y espero cuanto antes hacerme con esas imágenes. En el collado y en la cima, especulábamos como siempre, sobre cómo lo íbamos a encontrar para bajar (Y también hacíamos el payaso, claro). Nos parecía que fácil, pero yo veía a la gente bajar muy mal. Y efectivamente, estaba muy mal. Blandota, enganchona, en algun sitio, costra, y en muchos sitios, piedras. Me rebocé un par de veces cuando pensando que le cogía el truco, me lanzaba un poco fuerte. Pero oye, que bien.



Marta, Elena y Nacho valorando (demasiado) la bajada

Media hora después, volviendo la vista atrás, veíamos la ponzoña recorrida, y también a los últimos rezagados, que a las 16.40, empezaban a apurar un poco las horas de luz. 


Juan Carlos ya en la base de la pala, y por ahí arriba, los tres rezagados

De vuelta al coche, por la loma que te deja más directo en Cardaño de Abajo, gymcana de escobas, arbolillos y nieves múltiples. Muy divertido, y al mirar atrás...

Ya en el coche, quedaba esa charla pendiente sobre qué coño había pasado con las restricciones al final. En realidad supongo que lo teníamos claro, aunque cuesta verlo cuando te apetece rematar la actividad como se ha de rematar toda gran jornada. En el bar. Y así hicimos, acabando en un bar sin alma, que es el que estaba abierto, ocultos en su interior, con algo menos de calma que otras veces, pero al fin y al cabo, cervezas, cafeses, tortilla y planes cercanos. 

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